El poblado se caracteriza por ser una larga calle donde se encuentran sencillos hospedajes que ofrecen desayunos sureños y que aparecen en medio de una vegetación de intenso verde. Su pintoresca iglesia de alerce y estilo chilote data de 1906 y guarda una leyenda: si un jote (ave chilena) se para en la punta de la cruz y extiende sus alas, anuncia la muerte de tres personas del pueblo.

El camino de acceso al valle es el mismo que recorrían los bueyes que iban y venían con mercadería entre Chile y Argentina, por el paso León. Cerro arriba hay sitios de camping y uno que otro refugio donde alojar y recobrar energías bebiendo un reparador mate, para luego seguir caminando entre alerces y robles, cruzando un paisaje tan solitario como estremecedor.

Aquí se pueden contratar cabalgatas guiadas, circuitos en barco y salidas en kayak todas actividades de turismo aventura que cautivan a quienes quieren conocer la puerta de entrada al norte de la Patagonia y es también el paraíso de la escalada. Sus cumbres de granito tienen paredes con distintas dificultades, desde 20 a 1.000 metros, tan altas como las del famoso parque Yosemite en Estados Unidos.